Hace algunos años navegando por
los interminables canales musicales en internet, descubrí a una banda de rock
indie que en verdad me convenció. Pertenezco a la generación que le tocó crecer
con el Glam rock, así que las nuevas propuestas musicales me convencen poco,
aunque trato de mantenerme en contacto con las nuevas expresiones
musicales. Si no mal entiendo la banda
grabó un par de EP´s y luego nada, en un lapso de un año, pasaron de una fama
infinita a su olvido casi total. Por su puesto hay videos en la red que dan
cuenta de que alguna vez existieron. Los ejemplos son muchos, bandas y
expresiones que aparecen de la nada y de la misma forma desaparecen.
A diferencia de lo que sucedía en épocas convencionales, la fama y la irrupción de
expresiones culturales exitosas eran posibles a partir del talento de los
ejecutantes, los creadores debían ganarse un lugar en la escena a la que pertenecieran.
Su incursión en los medios tradicionales (depende de la disciplina) con sus excepciones,
estaba sustentada en la capacidad creativa
de cada uno de ellos, de su talento pues. Con la irrupción de las tecnologías
de la información y la comunicación las cosas se han transformado. La
inmediatez y la asequibilidad de la red hace que cualquiera de nosotros nos
podamos convertir en celebridad de la noche a la mañana.
Desde luego que el éxito no está
asegurado; pero la posibilidad de serlo se multiplica en relación con los
procesos de difusión y comercialización que tenía lugar no hace mucho tiempo.
La red ha hecho más democrático el acceso al protagonismo, al éxito y a la
fortuna. Pero también ha hecho más pobre la calidad de los contenidos.
Esta podría ser una apreciación
falsa, pero es una apreciación basada en la experiencia que me dan mis años en
el tema. La amplia oferta musical que circula en la red no significa que toda
sea buena, me atrevería a decir que la mayoría de la oferta es basura, como
mucha de la información que transita por internet. La sobreoferta de contenidos
culturales solo ha venido a hacer más pobre la cultura musical de las personas,
ha empobrecido la experiencia estética de los sujetos y ha promovido la
imposición de expresiones populares sin propuesta y repetitivas.
Hace no mucho, las expresiones
culturales de la resistencia, la contracultura y el underground, estaban
asociadas a un grupo específico de personas, la apropiación de una cultura de
lo alternativo era indisociable de la capacidad para el disenso y el no
conformismo con las propuestas hegemónicas. Lo que se experimenta hoy y gracias
al acceso a la red, es que las generaciones jóvenes son mucho más eclécticas.
No sólo son capaces de disfrutar de música popular y al mismo tiempo ser resistivos
a las prácticas de poder represivo, sino declararse rebeldes, reivindicadores
del poder popular y democráticos activistas.
Internet
en suma ha transformado la forma en que consumimos la cultura, lo que
consumimos y la manera en que experimentamos la cultura y su relación con el
poder. El mainstream ya no es obstáculo para la militancia y la actitud
contestataria, asociada no hace mucho a ciertos tipos de expresiones
culturales. Es el resultado me atrevo a decir de los procesos de lo efímero
asociados a internet y a la era